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Julio

Él inventó la humedad de las calles oscuras,
el olor a encierro creador de un grupo de amigos
que fuman sin tiempo y escriben y fuman y duermen.
Él descubrió las palabras que no existían
y las plantó donde no pudiéramos arrancarlas,
para que allí se hicieran carne, verdad intrínseca.
Él me llenó de pájaros sin alas,
de seres palpables como los que de niña me habitaban,
cuando quería ser cuento o escritora o miel amarga.
Él se bifurcó en mi sangre y dibujó adoquines viajeros
debajo de las suelas de mi cárcel.

Julio Cortázar

Sara Facio - Alicia D’Amico: Fotografía argentina 1960/1985. Buenos Aires, Editorial La Azotea, 1985.

Abuelita Carmen

Al sol le creció nuevo brillo
al entibiarse dulce en sus ojos.
La dama de Rojas, la madre,
la abuela de doce retoños.

Su piel siempre tersa de niña
su andar peregrino de antaño.
Su fe, su trabajo, su vida
sus Cristos, sus cruces, sus pasos.

Derrama tu paz, Carmen nuestra,
benditos tu vuelo y tus manos.
Tu estirpe de amor se ancla al suelo,
tus hijos y nietos te honramos.

Abuelita Carmen

Abuelita Carmen, 1942.

A mi colegio San Cayetano

Cinco espíritus en vuelo primero
estrenan las alas de la palabra escrita
con sus miradas de sabios en silencio,
para bucearme con profundidad de niño.
Te imitan las paredes azulejadas
de la memoria que busca refugio.
Justo antes de dejarte,
te supe cuna de luces
cuando sólo me era dado callar
en mi tímida canción adormecida...
cuando sólo hervía la sangre
al cabalgar con la poesía de mis huestes.
Fueron la savia de tu paz libertadora
la forja de tus aulas y saberes
la fe de quien educa con el alma,
los sellos de mi pecho en cruz ardiente.
En tus horas de recreo y alabanza
se fundieron lazos crudos e invencibles,
tres compañeras de soles y lunas,
con la lealtad de los astros y los héroes.