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Paradiso Sensualis

El canto boreal amanecido en el vientre.
Cruje el lamento de la hojarasca en vuelo.
El arte sucumbe siempre virgen en la entrega
y la miel encarnada recorre el entrecuerpo.
Las yemas retoñan en sinfonía blanca
las crestas doradas se crispan seductoras.
En trémula debacle se deleitan las almas
se aprisiona la ninfa en el muslo alegórico.
Un crisantemo frota sus pétalos lúbricos
el astro lunar se desboca en un soplo.
Y los tiempos de los tristes vuelcan loas al otoño
se revela, amurallado en los ojos, el mar y sus tremores.

Exploración

Retoñan los brotes de los diez jinetes en pugna.
Las cúspides cerradas a los otros
empuñan la daga y la pluma que canta.
El ojo absoluto boga abandonado
en su humor siempre nocturno
de navíos azules y sedas sin cuerpo.
Ya no enloquece mi espíritu hambriento
ese mítico despojo de vida trashumante.
Cuento las horas que coronan el silencio
los huesos alquilados al cielo
la furia tempestuosa de la tropa
la escala de soga que pende y se burla
de la inhóspita locura de los pueblos...
con su cadencia de fruta madura y a la espera.