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Caleidoscopio

Un retazo de terciopelo ensangrentado
en la palma dramática,
de espaldas al reverso venoso.
Un tirón mudo, drenado de pasión
en el espacio real que muere entre los telones.
Gritos como gajos arrancados a las víctimas,
la oratoria vana de este ángel de ceniza.
Repetido derrumbe de estos muros
para que entres y toda me ocupes,
para que me nazcas y me mates, es lo mismo.
¿Cómo hacer rodar barranca abajo
aquel cúmulo de voces desterradas?
Que se tense el músculo y empuje
los verbos enmarañados,
que se partan frutales al despeñarse
uno tras otro, liberados en jauría.
Que me escinda la palabra de los magos
y se vuelva todo símbolo mi cuerpo.
Que me bebas entregada, desde arriba
y por fin me abrace la raíz de los verdores.

La dama sin miedo

La hoja avinagrada rebana mi cráneo sinuoso
desde la raíz del pensamiento,
desde la nuca pérfida que se desgarra.
Baja la hoja aserrada por el perfil crudo
de mi mamífera testa, hasta las curvas óseas
que abrazan mi caja de Pandora.
Sigue la hoja en su derrape cruento y
parte el pecho doloroso que no vuela.
Cruza el sexo, malherido y titilante...
hoja-cisma y verdugo ritual de mis pasiones.
Escapan huérfanas las piernas,
cuando ya el aire no sostiene mi carcasa.
Y la bestia me atraviesa desde adentro,
me escinde sarcástica como una bruja.
No sabe que soy yo quien la destierra,
quien expulsa de raíz su hiel pestífera...
para hundirme en el aceite de los bravos,
bautizada por el fuego, a alma abierta.

Ensoñación que espera

Cuando las hadas huyen del hedor mortecino
que emana el alma muerta del hombre común
se defiende rabiosa la sed del cosmos,
cicatriza la herida bañada en miel impúdica.
Cuando la llave reza el perfil de nuestros cuerpos
y mora invisible en el espacio que nos une,
se ignoran los males del otro universo
pues la piel es sabia y destierra todo lo que no goza.
Cuando falla la inspiración enmascarada
levanto con la lengua las piedras que la ocultan.
Cuando vibra este titánico cúmulo de huesos
se tapiza con espasmos cada músculo amatorio.
Mi cáscara instintiva de bestia sagrada se posa
en el paño de los sitios que te envuelven.
Unirse en el ansia que despierta la sangre.
Cantar de rodillas cuando el aliento no alcanza.
El alma en salto vital espera.