Enero 28

¿Qué te cuentan los añejos adoquines de San Telmo?
Más de un cielo habrán ojeado desde que empezó mi ciudad.
Un par de malevos recostaron la osamenta en los faroles
y aspiraron el humo del desengaño una y otra vez.
Y si digo que olieron su sangre de canto sobre el cuchillo
seguro no mentiría, más bien sería guitarreada.
Marejadas de sueños en camiseta
se aventuraron desde el viejo continente
y fundaron otra historia entre sudores
muchos hijos, malabares y azucenas.
A veces recuerdo pasiones que jamás he visto
un sinfín de zaguanes y deseos en verso.
Un arrabal de palabras, verborragia entre dos bocas
y un romance de parado y entrepierna
la versión cruda del beso y la hojarasca.
Y esta humilde fantasía de saber soñar sin alas
me emborracha desde siempre…
desde la cruz y la espada.