La comida más importante
Lo indecible del placer desayunado
entre cómplices sin rostro
y una sonrisa en delantal,
que dibuja mis manos
en la gruesa cintura empañada de la taza.
El centinela restaura las palabras
murmuradas en los libros amarillos,
baja y retumba por la médula cosida
con la repetida caricia de un dedo solitario.
Nadie repara en el amoroso vaivén curativo.
En la yema que sella
las almas de los imaginados.
Nadie descubre el placer del detalle
la simulada perfección de lo por siempre incompleto.
Me sorprende la entrepierna buscona de un milagro.
La carne elevada a espíritu
en el cuenco de las palabras.
Me subyuga la forma de callar de cierta gente
y la tibia inocencia que los salva de mirarme.
“La simulada perfección de lo por siempre incompleto……”.
Me gustó todo, pero esa frase es muy buena. La guardo en mi colección , y seguro la usaré.