Enero 28

Ese amor que nos blasfema en la penumbra
y se derrocha desbordante
entre tus ansiosas falanges
se relame ante mi duende de azul.
Tus lágrimas, par de jardines colgantes
se perpetúan en las penas como cruces.
Te despierto a mordidas en el cuello
y en esta ceremonia matinal de a dos
entre cerrojos y almohada y venas ardidas
te reinvento y apuñalo con los dientes tu silueta.
Te resisto nueve horas de suplicio y mascarada
hasta que rozo el alivio de mi sangre
encaramada a un dragón con otras almas,
con otras mitades de amores en vuelo
de regreso cada uno a su guarida
donde espera un hada, un ángel o un verdugo.