Fluir
último viaje de una anciana desconocida
Sólo queda espanto, si el cuerpo yace inerme
arrancado su pudor y expuesto el sexo sin erótica.
Cuando se sume la palabra escarnecida
en la necrófaga maroma de la técnica y sus cuentos,
el alma busca desprenderse de su fútil cubierta
los huesos se empeñan en retenerla,
cuando ya ha volado.
Inútil es trucar los tiempos mágicos.
En vano dislocar la arena frágil que no cesa.
Se yergue la muerte en su corcel de llanto
nos condena a olvidar que es un mero cono de sombras.
Si la luz ha sido blanda y receptora de los golpes
como llagas con sus flores, sus presagios y placeres,
no hay angustia de mortaja en la vigilia
pues la flor ha retoñado sin herrumbre ni amargura.
Si hemos descubierto armonía aún en la derrota,
sin más la vida endulza a quien la enciende.
Sólo se vislumbra su luz en el contraste eterno
del fiel y umbrío complemento que la hace majestuosa.
