Enero 28

La ocre maroma de la muerte
que se carcome a sí misma,
y es metal y es carne ahumada
en las retinas de los apasionados.
Y el cuero de mis sentidos
anudado al corazón de las palabras,
tenso y de pronto libre
para montarse al cauce silencioso
de tu materia prima que sangra.
Los clavos perennes en las manos del hijo.
Latir veleidoso de la madera en la oscuridad.
El infinito en la mirada del espíritu afín.
Hoy me ha sido revelada la certeza de la tierra…
El incómodo arquetipo de la fragilidad que somos.

El suspiro que me inflama ya no es el mismo.
El aroma entreverado de la no vida hecha jirones
me repta por las vértebras camaleónicas,
por la espina de esta carcasa ahora humanizada,
que reclama vida, más que nunca.

Cristo para armar

“Cristo para armar”, escultura, material de desecho, Fernando García Curten, 1987.