Ofrenda
Se me encarna el anhelo de los lobos.
El deshielo de los cascos que se han roto
ríe con mi tropa de lunares
soplando constelado mi galaxia.
Lleno de huellas las sandalias benedictinas
de desiertos espurios y lenguas solitarias,
de nómades y entuertos y carpas anudadas
en la danza erótica de los tiempos.
De cara a la vigilia de los vientres,
de los santos que me sueñan y me callan
aseguro tu simiente a las entrañas de la tierra,
y le perjuro un sacrificio al oído.
La lleno de delicias perfumadas
como si ofrecerte me librara de huracanes
y te miento pura para sus fauces sedientas de inocencia.
