enero 28

Que te silencie mi escándalo de besos
y que no sepas si te bendice o te condena
a la cruz de mis brazos abiertos,
a las ansias ancestrales de mi cuerpo desnudo.
Que te duela el adiós de mi espalda sin tus manos.
Que te parta la codicia que no se sacia en boca de otros.
Que igualmente te atormente no tenerme.
Que te sangren las veces que no te lloro.
Que te agobien las mañanas lejos de mi sombra.
Que te hamaquen mis vigilias desalmadas.
Que te ahorques, de rodillas, con mi ropa.