enero 28

La hoja avinagrada rebana mi cráneo sinuoso
desde la raíz del pensamiento,
desde la nuca pérfida que se desgarra.
Baja la hoja aserrada por el perfil crudo
de mi mamífera testa, hasta las curvas óseas
que abrazan mi caja de Pandora.
Sigue la hoja en su derrape cruento y
parte el pecho doloroso que no vuela.
Cruza el sexo, malherido y titilante…
hoja-cisma y verdugo ritual de mis pasiones.
Escapan huérfanas las piernas,
cuando ya el aire no sostiene mi carcasa.
Y la bestia me atraviesa desde adentro,
me escinde sarcástica como una bruja.
No sabe que soy yo quien la destierra,
quien expulsa de raíz su hiel pestífera…
para hundirme en el aceite de los bravos,
bautizada por el fuego, a alma abierta.