enero 28

¿Qué soñaste en la pagoda que te traje?
¿Un sendero de tigres al poniente,
un crepúsculo de abismos en la selva,
o una ciénaga de pies helados que te hunden?
Rezo por la eterna vendimia de tu piel…
contra todas las sequías que planea mi verdugo.
Caen indefensas ante el quiebre de tu ojos,
las condenas que le sobran a mi vida.
Mi puño inacabado, lascivo, te babea en el papel
y todo se vuelve signo entre mis manos,
pero tu esencia resiste.
Se inflama zoológica y perfecta,
despierta mi tacto en los renglones
y se deshoja virginal e hipnotizada
libérrima y viscosa, sola en su deleite.