enero 28

¡Qué palidez de ceniza
se mece oscura en tu frente!
Calambre del alma mía:
dame un silencio de espera,
una pausa que me anime
a pedirte un siglo entero,
una ráfaga de cuentos
un sacrificio funesto
una muerte que respire
en cada espacio de tu cuerpo.
Dame, sin más, el olvido
que se revuelva en mis celos
un adiós día por día,
una limosna de besos
una noche irrepetible
un martirio, un grito ciego
un desprecio irreverente
una injusticia y un duelo.