Enero 28

Querer aspira a amar,
si no fuera por el miedo.
Es la ofrenda de frutos por nacer
aún sangrantes entre espinas y cadenas.
Es lo que nos separa del espanto
cuando el cielo es el reflejo púrpura
del lado puro de mi corazón en llamas.
Es lo que funde el silicio entre mis muslos
presos del único martirio sagrado.
Ese “querer” sin nombre que me arrulla piadoso
siempre que se astillan los cristales de mi vida,
no resiste el clímax de las letras.
Estos símbolos vacíos me enmascaran,
me libran de la fiereza del hacha
que atraviesa la piel de mi alma no amada.
Este es el aroma esquivo del paraíso.
Es el sueño de los héroes que saboreo como propio.
Es la espada que me templa desde tu sangre
como si Edén, gloria, devoción y pecado fueran uno solo.
Desdeñada me elevo en pos de tu bautismo.
Soy esa parte de vos que se hinca y te idolatra.