enero 28

Retoñan los brotes de los diez jinetes en pugna.
Las cúspides cerradas a los otros
empuñan la daga y la pluma que canta.
El ojo absoluto boga abandonado
en su humor siempre nocturno
de navíos azules y sedas sin cuerpo.
Ya no enloquece mi espíritu hambriento
ese mítico despojo de vida trashumante.
Cuento las horas que coronan el silencio
los huesos alquilados al cielo
la furia tempestuosa de la tropa
la escala de soga que pende y se burla
de la inhóspita locura de los pueblos…
con su cadencia de fruta madura y a la espera.