Exilio
Como no verte es morir,
amanezco de muerte en muerte
y esta suerte que revive
cada día en mi deseo
es otro puñal trapero
que me agiganta la herida.
Mi religión son tus manos
tus latidos y silencios,
no reparo en otro credo
más que el brillo de tu estampa,
no elevo otra plegaria
más que tu nombre a los cielos.
Bendigo el santo capricho
creador de este prodigio.
Tu forma perfecta sueño
en el fuego hecho delirio
no recuerdo: imagino,
pues nunca he visto tu cuerpo.
Pero… ¿qué sabrá la carne
de ésta, mi pasión sedienta?
Basta tu mano y tu cuello
cuando es amor como el mío…
tu sonrisa enarbolada
que es mi estandarte y mi vuelo.