Enero 28

No alcanza el alma imperfecta
para inflamar el cúmulo de amores ignorados.
Ni las venas, ni los Cristos caídos
ni las manchas robadas a los crímenes.
Estos ímpetus de minotauro y heroína
agazapados en la grupa de Pegaso
se acercan a lamer la desnudez de mi nuca,
son el premio y la condena de otros dioses menores.
Son el párpado rojo del aullido
la derrota de mi carne amedrentada
y lo humano y lo gris y lo prohibido
que destila su savia entre mis labios.
En el curso del olvido insensato
donde el hambre se herrumbra
y se arrodilla, domesticado, el instinto
bebo el sacramento amurallado de esas lágrimas
que me ofrece el dulce cáliz de tus manos.