Enero 28

Una errabunda pesadilla masculla tu aliento
enredado en mi garganta.
Se transforma en gota y
estalla suicida contra el vidrio.
El prohibido concierto de miradas
que incendiás sin piedad sobre mis hombros
me recuerda un mar de dudas y obviedades.
El sabor encarnado de los besos que te niego.
Es la cintura del arraigo que te invoca
y se me quiebra en voluntades ya perdidas.
Si me resisto sólo queda hipnotizarte
y sucumbir a mi dolor cuando te sueño.