Enero 28

Que hoy me mezca el conjuro ultramarino del silencio
para morder el alarido espurio de la sangre.
Que el lápiz se haga labio, labio lápiz invertido de mi proa
para volcar estrellas huérfanas en dos bocas.
Que la insuflada libertad que saboreo
se derrame sonámbula y llene las estrías del invierno,
para enterrar mi desespero entre las plumas de las aves.
Que me sacuda la demencia de mil tormentas de arena,
con su plétora de lienzos y linos rojos y aceitados.
Que se inunde este ojo con el licor de los secretos,
el ojo absoluto ensartado en la garra del tigre,
el sueño blando del pintor que no seré.
Que, por fin, mi osamenta amatoria se reduzca
se consuma en el fulgor primero del sexo extático,
y abra poderosa una llaga de placer en la luna
para que sólo la palpen los locos de amor.