enero 28

Mi locura de vino y rosas en la manga
y jazmines que silencian las palabras de tu boca
y recodos que se cierran entre tus piernas
y la muerte encadenada a tus espaldas.
Hoy alumbro los caminos de mi vuelta
y el ocre silencio de ascensor que vuela
me quema en las pupilas una ciudad que ya no es mía.
Enciendo los árboles de esta jungla ajena
con miles de hojas de fuego porteño
pero el alma sigue en casa
y no hay forma de embaucarle el sentimiento.
No acepto que me nieguen la prosapia
ni el olor de los toldos cuando llueve
ni el perfume de tu piel en primavera
que envenena de calor mi orgullo en celo.
En vano festejaron cada paso del olvido
las baldosas en pena besándome los talones.
Te nombra mi lengua con insultos y perdones
te augura mi esperanza un canto de sirenas
en jaque a la nostalgia que infame me acongoja.