Enero 28

Líquidos milagros del amor avasallante.
Cíclica, en su furor de madre tierra
en su galope crepitante
surcada de venas que ya no duermen,
la hembra primordial de las alturas
se llena de luz, de ríos al mar.
Poblada y azul, en seudo muerte
repite la oda entrecortada,
los compases crepusculares
que brotan de otras jaurías.
Se libera de la piel amenazada,
de la empírica quimera de los hombres
que encadenaban su lujuria pirata,
su naturaleza bestial en ternura evanescente.