Para la lectora de miradas
Cuando ya nada me quede
seré el lamento encadenado
de lo que sólo yo he sentido.
Cuando ya nada me quede
persistirá el invierno de las olas sin orilla.
Y la bitácora perenne de este rumbo sin navío
anunciará mi naufragio silencioso,
clausurado aguas adentro.
Porque me ha tocado en suerte
un alma mestiza y libérrima
forjada en la penumbra ancestral
de un libro de cuentos y pócimas.
Soy mixtura viviente de hadas y sombras,
porto el corazón bravío del dragón de fuego
y el alma de cristal de las princesas dormidas.
De mil criaturas que ya no alimento
soy retoño pecador y redimido.
Condenada a la eterna dualidad
por mis proezas y maldades,
vago por tu mundo disfrazada de persona.
Nadie lee en mi mirada la sentencia y el milagro,
poder de adivinación y exceso de amor
en cada gota de mi sangre.