Enero 28

Cada tinte del ocaso desdeña el calor de mi palma.
El sol se esconde cuando ya no resiste vivir fuera de vos.
Entonces se rebela contra sí mismo,
contra los que lo espiamos de reojo, diminutos,
contra telescopios miradores de astros nocturnos
y contra esa luna esquiva, que lo engaña con hombres y mujeres.
Se revuelve en escalofríos ardientes de rojo y
cabalga insomne en la grupa de remolinos latentes
siempre cambiantes, caprichosos, casi femeninos.
Y repite la autoceremonia día por día
hasta que lo agota el desamparo y
se reduce a una luz que, entonces sí,
podría empuñar como una promesa en la diestra.
Y sigiloso, sin que lo notes, se estremece al acercarse
y sereno como tu sueño, te habita hasta el alba.