Mixtura
El lado indefenso de tu ser más íntimo
se concentra con las rodillas apretadas
contra el pecho invisible,
en la hojita perfecta que se me sube a los dedos.
Envidio el revés del párpado creador
de un Cortázar dormido,
cuando es más que yo
en su instante menos inspirado.
Y entreverada la cima de mi piel
como el animalito preso que es,
busca doncellas compasivas
que se rindan a las manos en súplica.
Hoy bebí todo el claro de luna
hasta el fondo de la copa,
hasta que el reflejo rojo del vino
se me hizo cicatriz en los ojos cerrados.
Y cuando ya no soñaba siquiera
con el aroma a madera mojada y fértil
de mi tabla de náufrago,
me despertó la musa epifánica
que habías creado para mí.
