Enero 28

Y donde la soledad fingía derrota
yacía en cruz el Cristo que me habitaba.
Dolorido y lastimado una y mil veces
por la especie deshonrosa.
¿Qué tal si Él vivió en mí aquella tarde?
¿Qué tal si compartí el escarnio sin que nadie lo notara?
Hubiera apostado mi vida
a que ese par de ojos supo quién era.
Y a que no me hubiese dejado morir
en mi traje púrpura de llanto.