Oscar Portela
Mis manos
Dejad hablar y oíd las voces de mis manos.
Ellas contienen todo. El libro de la Vida
se ha escrito en ellas, definitivamente.
Hablan la tierra, el viento, los mares y desiertos,
las montañas y bosques, el azur y los hielos.
Todo está aquí en mis manos. Las grafías
que Dios trazó sobre ellas, el libro que se oculta,
los ojos del vidente. Oíd, Oíd, hablan mis manos.
Cada vena es un túnel, entrad en ellos.
Ángeles y Demonios murmuran en su sangre.
Ellas, ellas ajusticiaron los sueños mas
hermosos. Dominaron los vientos y calmaron
las aguas. Bendijeron el cáliz y clavaron las otras
a la cruz y el madero. Ellas acariciaron
la carne del Cordero. Asesinas y amantes dejad
hablar las voces que gimen en mis manos.
La memoria del mundo está en mis manos.
Agripina en la mar envuelta en odio. O las salvajes
manos de Jerjes azotando las tempestades áureas.
Las manos del auriga que conducía el sol
hacia la noche y alcanzaba en sus vuelos
las nocturnas estrellas de una sonata en si.
Las manos de Alejandro. Zafiros que en la noche
temblaban en los lechos de jóvenes amantes.
Y las manos de Antinoo quitándose la luz de sus ojos
de ciervo herido por Diana. Escuchad a mis manos
Antiguas como el mundo. Como el mundo culpables
e inocentes y puras como los devenires
sin otro fin que ser La Memoria de Laquesis.
Ahora secas. Sin savia. Ahora añosas. Más fieles
a la tierra y al sentido terreno de los cuerpos
humanos. Raíces son mis manos. Raíces para
Bajar al fondo del memorial humano. Y sus
dedos señalan los agudos crepúsculos que enracimados
tornan a ser luz del mañana. Escuchad a mis manos.
Mis manos hablan. El lenguaje reposa aquí
en mis manos y el amor que se escalda y mora
aquí en mis manos.
Leed pues en mis manos el destino del mundo.
En el espejo cabe el libro de la vida. Y el de la muerte
bebe aquí en mis manos ahora
en que un caballo alado es montado por sombras
Y un Adamita calla ya para siempre a solas.
Para Alejandro Drewes
Por su porvenir.
“60 YA”
poema de OSCAR PORTELA
El minutero, la clepsidra,
Las sombras lo confirman.
El corazón muestra aquello
Que cae como la roca de Sísifo
Y se disuelve contra el precinto
De la voluntad vuelta contra el tiempo
Y su fue. Madre que ya no hablas en mis
Sueños: “lo espectral se hace carne”
Y el cuerpo todo se vuelve espectro
De las derivas que dejo para mí.
13/05/10
Rodeado de numerosos amigos a los que calificó de íntimos, OSCAR PORTELA cumplió el 13 de Mayo 60 años: los concurrentes hicieron uso de la palabra y cerró esta cita el Dr. Ricardo Guillermo Leconte (Ex Gobernador de Corrientes- Argentina) calificando a Portela como un ” elegido”, que de ningún modo podía renunciar a ese don: eco de otras palabras de grandes escritores como las que estampó el Marco Denevi de “Ceremonia Secreta” cuando afirmó: “Descubríos señores: un poeta”.
Oscar Portela
Publicado por Christian G. Binderfeld en 22:03
5 POEMAS INÉDITOS
DE OSCAR PORTELA1
1. EL LARGO ATARDECER DEL CAMINANTE
Es de noche. Ventisca helada
y sueños arden ahora
justo a orillas del Volga.
Es un vivaque ardido en el desierto
donde lo abierto se deshoja
en el blanco infinito
de un árido camino. Larga es la
noche intensa. Y el hombre
que está solo y espera
piensa en la pampa, piensa en
los gauchos de un incierto
paraje y su osadía se refleja
en sombras que las llamas arrojan
sobre el hielo. En su exilio
interior de caminante
es el mundo su patria. Pero su
corazón que sangra
deja las huellas sobre
la hermosura transfigurada
en hielo. Vuelve el hombre
aterido por tanto sueño
vano a su manso refugio.
Y allí junto a todas las islas
voladas por el agua sueña que
sueña. Escribe, total el mundo
es solo sueño. Ni por mar ni tierra
llegarás al hiperbóreo
espejo que tú buscas.
El caminante tras su escritorio
piensa e inventa un mundo
donde todo cabe. El tal vez,
la fabula y el empezar de nuevo,
mientras os rayos pálidos
cubren su frente pálida regresa
al Otro sueño, al mas sueño
donde los infelices se atan a la luz
como a la salvación posible.
10 de noviembre de 2006
2. FRAGILIDAD
dedicado a Sabine
Eres el Ángel. Estas aquí, encarnado.
Junto a mí. Eres mi abismo.
La frágil belleza que lo destruye
todo. Tus manos no son Manos.
Son las Ligeras Alas que el viento
agita sobre la tierra árida
desposada a mí llanto.
Si lo supieras, ese saber también podría
destruirme. Ni un instante siquiera
podría soportarlo. Es el ámbito
donde el abismo busca el Éter y ambos
Sellan un nuevo pacto.
Mi corazón estalla. ¿Cómo un mortal
podría soportarlo? Encegueciéndose.
Pero en tinieblas veo estremecerse
todo lo que a tu paso siente
la presencia del ángel.
Imposible fue y será soportar la
medida deste infinito que sopla aquí
A mi lado. Insomnio Eres Tú.
Deja que éste mortal consuma
Sus temores violáceos y vuelque sus
Cenizas en honor de tus Alas.
3. EL DESIERTO
a Graciela Maturo, la primera que miró “el abismo”
Tu alma es el Abismo. Imposible
reconocerlo como tal. Tan sin medidas
sus fundamentos. Sólo el desierto oculto
a las visiones tan sin márgenes, tan espectral
y tan sangral como los sueños podría nombrarlo
y descifrar enigmas. ¿Tú comprendes ahora?
Desierto es el abismo donde sólo el espíritu sonámbulo
vaga desnudo sin brújulas ni estrellas.
No hay pastores ni cabras, no hay huríes ni dátiles
Ni espejismos de Oasis, en esta pesadilla que me asfixia
y que turba mis sueños con horrorosas voces
sonando en el Vacío. No soy
o estoy acá, pertenezco al ayer.
Y camino en la luz sin que me vea nadie. Nadie. Nadie.
Inconmensurable mi sed, látigo que el desierto abate
sobre mi boca abierta, cenizas de los muertos
y un ardiente silicio. Nada más. Grafías. Yo no soy esto.
No me conformo. Y si lo que nos espera es el “vacío”
hagamos de ello una injusticia de la implacable Moira
con que un hado siniestro guió nuestro viaje.
4. SIMULACIÓN DE INVIERNO
a Luís Gregorich
maestro
No es el invierno no. Es la ilusión del gran invierno
Que en la niñez venía como un duende
A aposentarse aquí. Larguísimo.
Sin embargo finito.
Lejos del infinito invierno es espejismo
De aquel invierno lleno de murmullos y pasos.
De insomnios y de bronquios azotados por feroces
Homúnculos y hienas.
Pero en esta quietud zozobra el alma.
Vuelven los sueños. Y el ser es donación
Del tiempo dado.
Estamos hechos de la madera
De los sueños Píndaro. Tú lo dijiste.
Aquí se alimento mi cuerpo.
Aquí madre ternura se aposentó en mi alma
Ya para siempre.
Aquí vigilias y fantasmas se adueñaron
De mí domeñándolo todo.
Un destino fijado y atado a la memoria
De osadías que prohijó el deseo.
Que dulce cárcel es este falso invierno Luís.
Créamelo. Y sin embargo insiste en
Devolverme todo lo sucedido. Todo.
De aquí surgí como el espino. De los esteros
Y llanurales bárbaros.
Mas Prospero venía como un auriga
Fáustico a llevarme
En Pegaso hacia otros ponientes.
Pero insiste el invierno con sus sombras extrañas
Y ese feroz presagio.
Solo queda el color de la pasión
Y el canto de una serenidad inexistente.
Solo el invierno insiste.
Y el Eterno Retorno es solo “ritornelo”.
No hay nada idéntico que se repita.
Es lo “mismo”. Lo “extraño”. “Lo diverso”.
Y aquí habla el deseo de la repetición
Que nos ahoga con sus sueños perversos.
Dormir, dormir, dormir. Así dice el invierno.
El despertar es vano. Y sin embargo el sol
Deslumbrante se acerca
Y el verano viene hacia mí
Y me dice levántate y desea.
Desea el agua. La luz del cielo. El verde.
Y ama su cuerpo todo. Su denudes. Su magia.
El cuerpo es el deseo . La desnudes es el verano.
Y el agua es un espejo.
Ahora que no estoy ya solo sueño. Más son
Claros mis sueños. Y el invierno esta aquí
Como una pregunta.
Ya volverá el verano sobre mi ausencia plena.
Y seguiré soñando con su rostro y su pena.
5. EL CORAZÓN
Escucha el corazón de la piedra. La estalactita
Escucha. Escucha los lamentos del viento.
El corazón de Nada escucha. Escucha es corazón.
Y vértigo. El pino en las alturas mira el abismo
Sin temer lo oscuro. Escucha. El corazón escucha.
Asimismo se ausculta el corazón y advierte
La intemperie. La incuria. La soledad que espanta.
El incubo que nace. La muerte que despierta.
La soledad que asfixia las cometas de un cuerpo
Que fue consagración de primavera. Y escucha corazón
Las plañideras flechas del deseo.
No es este el corazón que siente.
Es grafía del cuerpo y del espanto. Escucha
Tierra el corazón que nace de tus
Propias entrañas y asciende hacia lo mudo.
Hacia el azur profano. El corazón que mira
El cuerpo de Afrodita y se convierte en llanto.
Es este el corazón llagado. La lengua es su destino.
Los labios, las plegarias, las promesas.
El proemio de una historia de amor y de un
Cuerpo sin penas. Escucha corazón. El corazón
Escucha. ¿ Recuerdas las tardes del estío,
El río que no vuelve, las riberas, los árboles,
La soledad sin fin y nosotros apenas desnudos
Y sin nombres para el libro que viene?.
Aquí estas corazón. Aquí tú escucha.
Tu final sin historias ni quejas ni llamados.
Escucha corazón y dime las plegarias
De una pregunta apenas. El Adamita espera.
Desnudo corazón tu escucha y pena.
El agua escucha.
Pasa y escucha las endechas del tiempo.
Las flechas con que Apolo hirió a Marcias y el canto
Con que florece el loto en las aguas del lago.
Escucha corazón. Escucha. Y dime todo. Todo.
Dame su joven cuerpo. Desnúdalo de nuevo y entrégalo
A mis cantos. A la oración primera. A las albas que Eros
Vio nacer en mi pecho. El corazón escucha. Escucha
El corazón escucha y tañe la amapola. El lirio y la azucena.
Yo torno a vigilar lo pleno.
Construyo sobre escombros como Abel Posse quisiera.
Y allá en la luz astral de otro sangral poniente
Lisa sonríe a solas ya para siempre.
Escucho corazón. Yo escucho. Soy tuyo aún.
Aun soy primavera. Escucha en la sonata de la luna
Que llama a todos y aún espera. Espera
La vigilia de un hombre que está solo y espera.
1. N. de la R.: Los datos biobibliográficos del poeta Oscar Portela puede hallarlos el lector en la edición del día lunes 13 de octubre de 2008.
MUERE SÚBITAMENTE MUERTE
poema de OSCAR PORTELA
Muere súbitamente muerte.
Yo soy esa palmera rodeada
de montes, azotada por vientos
y por soles, perseguida por las pacientes
aguas subterráneas que pudren mis raíces,
poseído por el cierzo y por la soledad
del pájaro que alimentan mis dátiles:
por la vida que elevo, claramente en el “claro”
de la oscura selva, la vida se sostiene,
me sostiene el deseo que alimenta la muerte:
muere pues súbitamente, y alza hacia mí lo intocado,
incorrupto,que ignora el tiempo en el cual
vida y muerte se procrean y laudan.
Muere súbitamente, muerte.
En un claror de espasmos y de amor,
muere y llévate contigo, los restos
del naufragio; muere súbitamente y llévate
la vida que me diste,
los ojos que pusiste en mis manos,
las manos que pusiste a mis ojos,
y que presos están desde que tú,
profecía, muerte, poesía,
embriagaste con ácido el zumo de la vida.
Allí reposan las tempestades y el océano,
la boca del abismo, las alas del verano,
la prisión del recuerdo. Muere pues,
súbitamente, muerte, desnuda y ya cercana,
ensombrecida bestia hambrienta
que me darás la paz. Súbitamente muerte,
muere conmigo, pues.
El cielo es más azul cuando convulso
el aire, ensombrecido, me sostiene
en sus ansias.
HUIR
poema de OSCAR PORTELA
Huir de mí: en el olvido absoluto del mundo
y en el olvido de la sombra
matar al sol y ya no ser sino
espejismo en las serenas aguas de un arroyo.
Cansado estoy de mi mismo y la palabra mío
en mundo extraño – vasto y ajeno a toda la hermosura
que conturba el vuelo de los vientos – y ajeno ya a la fausta
magnificencia de la piedra, ajeno a todo, odiando símbolos
he imágenes que me hicieran esclavo de la letra – y amando
solo a Cerbero y al denario que conduce de un habitar a la intemperie
al huir de mí mismo, extraño a todo y a los nombres
y símbolos, entregado a la nada y anterior a la nada,
solo flama de un extinguido espíritu, rayo que lo consume
todo, todo, nombres, pasado, memorias del clima,
lunas, jazmines, y el ruiseñor que durante un tiempo
se posó en mi garganta, hoy muda y huida de sí misma,
como yo, ausente de mí, huyendo de mí,
salmodiando solo el aliento del perro de fuego
que se lleva mis restos entre sus fauces
siniestras en el olvido absoluto deste mundo.
LA CARRERA
poema de OSCAR PORTELA
En mitad de la noche mi corazón se ahoga.
Y el indómito potro cae vencido por la ardiente
carrera que conduce hacia el alba. La muerte lo sorprende.
Y hay temblor en sus músculos cuando abre sus ojos a la oscura
tiniebla de los sueños. La razón apacigua la angustia de esperar
y consagrar la ostia que es misterio al olvido de duelos y doloras.
La síncopa se aleja.Y nuevamente entrega el noble músculo
al círculo vicioso de la noche para continuar remando
hacia un círculo incierto. ¿Adonde vamos Dios mío, adonde vamos?
La soledad en mitad de la noche aúlla como un lobo: es certeza
y es duda, es fría fuente, y es infierno esta ardiente carrera.
El polvo de los sueños que atraviesa la sístole se borra poco a poco.
¡Ah desbocado corazón, potro indomable sigue esperando pues
por la luz de aqueste amanecer aún remoto!
CONJURO
poema de OSCAR PORTELA
Negro perro de la soledad: yo te conjuro.
Muerde mis carnes negro perro de la soledad.
El humo te acompaña y tras de ti vienen a mí
ejércitos de licántropos sedientos de poder y de sangre.
Negro mastín de la soledad yo te conjuro, impreco maldiciones,
hosannas, y dejo que la lengua de fuego de tus caninos de marfil
tallen los húmeros de mi alma y salmodien el alba del maldito.
Siniestra hiena de la soledad, perro, mastín, dingo perdido
en el arco vencido de mis tribulaciones, ven a mí y llévame
entre tus fauces de fuego como al niño que entre-sueños gime el dolor del alba no nacida, ah negro perro de la soledad, yo te conjuro.
BURBUJAS DE DESEOS
poema de OSCAR PORTELA
Deseos sobre todo, deseos que abren la flor del loto
Del poema al alma de las pálidas lunas. Burbujas bajo la luz
De Estrellas en carnes de magnolias y noches
Abiertas al infinito espacio de la albura. Burbujas
Llevadas por los sueños del Deseo, pués que de sueños
Y no otra cosa fuimos hechos y en este laberinto
Custodiando por leones de la viril pirámide de palacios
De sueños en los que nos refugiamos huyendo
De la feroz incuria del desierto, solo somos Burbujas
De Deseos y no otra cosa. Y toda Eternidad
Constituye el reflejo de rayos reflejados en la carne
Del cuerpo de un Deseo que nos religa con el amor
Que huye. No más, no más. Y luego de haber sentido
Los cósmicos espacios sobre la carne núbil y los néctares
De los amados cuerpos del deseo que nos llaman a luz
Oh Burbujas, Oh elementos, Oh relámpagos,
Entregarse por siempre el destino fulmínio de las
Sagradas Burbujas del Deseo.
EL VUELO a MAIKEL CASTRO
poema de OSCAR PORTELA
Entre tus muslos calidos, allí donde
las lunas pálidas dormían
calla el jilguero ahora
y los pasos que conducían
a los sueños se demoran
en busca de los jardines mustios
donde el deseo levantaba su vuelo
en búsqueda de las coronas
de mirtos y de las alas
que conducían a paraísos
donde todos los goces y los sonidos
de los vientos, las agua, y las arenas
del oro son posibles.
Levanta pues tu vuelo ya, deseo.
Espera solo el crepúsculo y
la quietud del vacío que por años
corre, se desliza: en tu lugar
vendrán los otros y la sonata
de la primavera otra vez
llegará – lo sé – en los colores
de la carne y en tus labios
fatales, Maikel Castro, obertura
de vida y muerte, de circulo vicioso,
mientras las imágenes se hacen pálidas
y ya solo busco dormir, dormir, dormir…
Levanta vuelo deseo, desde los bosques
donde reinaba el fauno,
o Pan abría luces
y la música que reinaba
en tus castos oídos llenaba
las esferas de zureos y gozos,
que marcaban el movimiento
de los astros.
Levanta ya definitivamente
el vuelo de la alondra, oh deseo
de más vida oh mas muerte y pósate
en la frente de Maikel,
ora frente a su sombra,
pues ahora que dejarás abiertos
cielos y verás levantar
el vuelo del deseo, sabes también
que volverá en las notas
de su sangre y de su semen,
el retorno de todo, las caricias
del sol, entrelazadas manos
hundidas en lo imposible
del placer del rocío
que se irá como la sal del mar,
para que mis cenizas tornen
a tu cuerpo, Fénix de la belleza
del instante, y de la primavera
mientras el vuelo de la alondra
dice, Eros es todo y yo su esclavo
así como en crepúsculo –
ah Maikel Castro –
mañana, mediodía y noche
de una historia que se repetirá
por siempre, el vuelo del deseo
en el vacío, sumergido ya el sol
entre las aguas, como tu
ah semilla en el poema
de este acto de amor
en que tus órganos
hacen de mí su soplo,
su espejo y su diadema –
y de la alondra del deseo
solo un símbolo.
*/ poema dedicado a Melan.