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Daniel Adrián Madeiro

Árbol, estoy aquí...

Árbol, estoy aquí,
me apoyo sobre tu tronco.
La sombra tuya me acoge,
tu verdor me da reposo.

Pasa el viento y huele a hierba.
Todo es paz. Estamos solos.
El cielo es celeste y puro,
el riacho fluye sonoro.

Árbol, te contaré algo
que no le he contado a otros,
solos aquí, tú y yo,
quedará esto entre nosotros:
Vendré a beberme tu sombra
cuando se cierren mis ojos.

Hay lágrimas...

Hay lágrimas sobre los cristales;
hay perlas pendiendo de los sauces.

El agua se perfuma en los jazmines,
se desliza en los paraguas,
se lamenta en los pilotos,
se alegra en las cabezas descubiertas,
resuena en los charcos,
se hace río a los niños
y agobio a los ancianos,
es frescura a los jardines
y vigor a los torrentes.

El agua baja silenciosa
hasta las bajas tumbas
y le cuenta a los muertos
que, como ayer, hoy llueve.

Eppur, si muove*

Con rigurosa lentitud de caracol,
lleno de parsimonia en sus movimientos,
deambula por la acera el animal
que en la vejez marcha sobre tres patas.
Frente a sus añosas arrugas
y su palmaria decrepitud,
parecería imposible apostar con certeza
que avanzará otro paso;
sin embargo... se mueve.

(*) “Sin embargo, se mueve”, frase atribuida a Galileo Galilei.

madeiro(arroba)tutopia(punto)com