La primera piedra de la catedral
se puso en el año 1230
sobre las ruinas de la mezquita musulmana.
Hoy, casi 800 años después, yo saco
del bolsillo un guijarro del mar
y lo dejo bajo los bancos de madera
de la catedral. Es mi corazón.
El bosque se vuelve amarillo
A finales de otoño, color de hojarasca.
Aprieto un puñado de hojas secas
y lo tiro al aire. Y lo que tiro es mi alma
que se esparce por el bosque
y hace que las piedras, los matorrales,
los árboles huelan a mí.
Creo en la belleza del mundo,
en la unión del hombre con la naturaleza.
Estoy mirando los árboles, la culebra
que se arrastra por la hierba,
las nubes, y es como si mirase
mi alma. Creo en el amor
como actitud fundamental ante la vida.